El mago de los deseos

Cada deseo tiene un precio

Este es un relato autoconclusivo y autónomo perteneciente a la novela original Señor Tragedia. A través de estas páginas, la narración nos sumerge en una envolvente crónica sobre los milagros y las estrictas reglas que rigen los deseos concedidos por el mago, concluyendo con una imprevista y misteriosa confrontación que sella su destino de manera absoluta. Un fragmento literario diseñado para disfrutarse de principio a fin, sirviendo como puerta de entrada a un universo oscuro y fascinante.


El mago de los deseos

En lo más profundo de la ciudad envuelta en sombras, donde los susurros de la tragedia resonaban en cada callejón, se hacía más notable la leyenda de cierto mago. Este ser, que se creía un dios, tenía el poder de conceder cualquier deseo, pero cada súplica estaba marcada por consecuencias desastrosas. Cuentan las historias que alguien, desesperado por riqueza, obtuvo fortuna a costa de perder a su familia. Una madre, anhelante de la salud de su hijo, vio cumplida su petición, solo para verse consumida, tiempo después, por la misma enfermedad. Otro de tantos, ansiando volar, ascendió a los cielos para desaparecer entre las nubes y el aire. Pero estos no fueron los únicos deseos concedidos. Hubo quienes pidieron más, y el mago, sin vacilar, les otorgó lo que anhelaban. —Deseo la inmortalidad. Un hombre, soñando con la gloria eterna, al parecer deseó ser indestructible. Sin embargo, con el paso de los siglos, vio desaparecer a sus seres queridos, sus ciudades reducidas a polvo y el mundo cambiando más allá de su comprensión. Su existencia se tornó en un castigo sin fin, atrapado en la eternidad sin propósito. —Deseo que mi amada vuelva a vivir. Otra persona imploró devolver a un ser amado a la vida, la resurrección de su esposa fallecida. El mago, con una sonrisa inescrutable, cumplió el deseo. Pero la mujer retornó diferente, sin recuerdos, sin la chispa de quien había sido. La alegría inicial se transformó en angustia y desesperación cuando el hombre entendió que su amor no era más que un reflejo vacío. —¡Oye!, ¡mago! Yo deseo el control total, que todos me obedezcan. Un tirano pidió el poder absoluto, creyendo que gobernaría con justicia y grandeza. En cuestión de días, sus órdenes se volvieron incontestables, su voluntad se impuso sobre todos. Sin embargo, al no encontrar oposición, su mente se fracturó por la soledad de su dominio, y su propia tiranía se convirtió en su prisión. —Deseo la máxima verdad. Un sabio solicitó conocer la verdad absoluta, la verdad indudable, convencido de que la iluminación traería paz a su espíritu. Pero al obtener su respuesta, su mente colapsó bajo el peso del conocimiento infinito. Sus palabras se tornaron en balbuceos ininteligibles, y pasó el resto de su vida tratando de olvidar lo que nunca debió saber. —Mi deseo es el mejor: No quiero más sufrimiento. Un joven, movido por la compasión, suplicó que todo dolor fuera erradicado del mundo. Pero la ausencia de sufrimiento trajo consigo la desaparición del esfuerzo, del aprendizaje y del crecimiento. La humanidad quedó atrapada en un estado de estancamiento eterno, carente de aspiraciones o sentido. Es importante aclarar que no todos los deseos se cumplieron en aquella línea temporal. Algunas plegarias extremas fueron concedidas en otras realidades, mientras que otras se estaban manifestando en la misma continuidad del relato. Todo ello sucedía porque el mago quería seguir un orden en su línea tiempo espacio. El anterior deseo del joven movido por la compasión fue concedido en otra realidad alternativa del tiempo espacio. —Deseo tachar esa mancha de mi vida. Un erudito pidió borrar un error de su pasado, convencido de que así corregiría el curso de su vida. Pero al hacerlo, descubrió que había desencadenado una realidad en la que nunca había aprendido las lecciones necesarias para ser quien era. Perdido en una existencia que ya no comprendía, su deseo se convirtió en su mayor arrepentimiento. —Yo, ¡yo!, ¡YO! ¡Yo quiero vivirlo todo! Otro soñador quiso experimentar todas las vidas posibles, vivir todas las experiencias, sentir cada emoción. Sin embargo, en el proceso, perdió su propia identidad. Sus recuerdos se confundieron hasta que no pudo reconocerse en el reflejo de ningún rostro, condenado a ser un espectro de todas las existencias y de ninguna a la vez. —¡Jaque mate! El mundo girará hacia lo correcto. Deseo desaparecer el mal. Un niño de corazón puro deseó que el mal nunca hubiera existido. El mundo cambió de inmediato. No había crueldad ni conflictos, pero tampoco evolución ni elección. Sin desafíos que enfrentar, la humanidad quedó reducida a seres sin voluntad ni propósito, sombras de lo que alguna vez fueron. Este deseo también se cumplió en otra línea de la realidad. La leyenda advertía que el mago solo perdería su malévolo poder si alguien le pedía un deseo imposible de cumplir y, añadido a ello, se rumoreaba que aquel capaz de sellar los deseos del malévolo mago sería recompensado con un único deseo, uno que se conocía como el 'deseo restringido'. Muy pocos se atrevieron a ir en busca de aquel deseo para sellar al mago. Y, a pesar de todas las advertencias, la ciudad continuaba atrapada en un ciclo de súplicas y tragedias, todos conocían la naturaleza vil del mago y sus deseos de doble filo, pero las personas continuaban acudiendo a él, atraídas, la mayoría, por la esperanza cegadora de sus deseos. —Deseo ser el único. Alguien deseó desaparecer a todos los seres humanos en la Tierra y, de pronto, se encontró rodeado únicamente de un silencio absoluto, con el peso de la soledad aplastando su cordura. El mago se sorprendió al escuchar semejante deseo, de inmediato lo cumplió llevando al deseante a otra línea de la realidad. Parecía un ciclo sin fin, deseos de todo tipo aparecían y el mago no dudaba en cumplirlos todos. Si el deseo afectaba la línea tiempo del mago él solo lo hacía desarrollar en otro espacio, de ese modo la realidad, en la cual coexistía, seguía inalterable. —Yo vengo por el deseo restringido Mago idiota, veamos si puedes cumplir esto: Deseo un único pensamiento. Un retador pidió que todos los humanos compartieran una única mente, y en esa unificación perdió toda privacidad, toda individualidad, condenado a escuchar los pensamientos de todos sin poder escapar. —Deseo hablar con Dios. Un ferviente buscador de la palabra suplicó poder hablar con Dios, y su deseo fue concedido. Pero lo que escuchó en aquel diálogo lo dejó en un estado de permanente angustia y desesperación. Aunque este deseo fue el único que no se convirtió en una tragedia como tal. Cada vez los deseos eran más descabellados, el Mago solo se reía al oírlos y cumplirlos. —Yo quiero que me pongas en un ring de boxeo contra el diablo, voy a darle una paliza a ese hijo de perra. Un amigo de Mike Tyson pidió un enfrentamiento directo contra el villano de la historia, quería medir fuerzas. Sin embargo, para mala suerte de toda la humanidad, fue noqueado en el primer round. —Deseo eliminar la necesidad de energía en los seres vivos. Un científico deseó que los seres vivos no necesitaran energía para sobrevivir. La vida cambió de inmediato, pero con ello también desapareció el hambre, la necesidad de moverse, de luchar, ya no se existía con un propósito. Si nadie necesitaba comer, dormir o respirar, la biología cambiaría por completo. La pregunta es: ¿seríamos aún humanos? —Deseo conocer el destino de cada persona. Un profeta quiso conocer la fortuna o desgracia de cada individuo en la Tierra, y al verlo, comprendió que ningún esfuerzo cambiaría los desenlaces ya escritos, condenándolo a una parálisis existencial. —¡Yo quiero ver mis yoes! Un viajero temporal pidió ver todas las líneas posibles de su propia existencia, solo para ser consumido por el infinito mar de posibilidades, incapaz de discernir cuál era su verdadera realidad. —Yo quiero que toda la humanidad recuerde cada segundo de sus vidas con total claridad. Un obsesionado con la verdad que quería que nadie pudiera mentir, sin duda alguna esa persona condenó a los de su línea tiempo a arder en un caos. Parece un deseo inofensivo, pero todos recordarían cada error, cada traición, cada humillación con total precisión. No habría manera de "superar el pasado". El sufrimiento de la pérdida de un ser querido se sentiría como si acabara de ocurrir, una y otra vez. Cualquier momento de terror, miedo o dolor quedaría fijo en la mente de todos para siempre. ¡Qué deseo tan peligroso! —Mi abuelo tuvo un gran amigo en Alemania, pero mi padre me contó que, cuando se separaron, algo en él cambió. Se sintió inquieto, como si hubiera dejado atrás una sombra que crecería con el tiempo. Deseo que el amigo de mi abuelo no haya sido aceptado en la Academia de Bellas Artes de Viena en 1907. El Mago esbozó una sonrisa enigmática. Concedió este deseo en su propia línea de tiempo, una simple alteración tomó forma: un joven frustrado recibió una carta de rechazo en 1907. Aquel pequeño giro del destino encendió la chispa de un futuro que el mundo nunca dejaría de recordar. La noticia del Mago se esparcía cada vez más como un susurro persistente, la ciudad se estaba ahogando con aquellos deseos concedidos, hasta que la noticia llegó a oídos de un joven marcado por la más grande de las tragedias. El Mago se encontraba en el centro de su circo, rodeado de espectadores que lo observaban con mezcla de asombro y temor. Las carpas de colores desvaídos apenas contenían la multitud, y en los alrededores, las luces de las antorchas parpadeaban como si el aire mismo contuviera un presagio oscuro. Forasteros llegaban desde tierras lejanas, algunos impulsados por la codicia, otros por la desesperación, y unos pocos, simplemente por curiosidad. —Así que tú eres el Mago que puede conceder cualquier tipo de deseo —dijo un hombre con voz desafiante, abriéndose paso entre la multitud—. Voy a ponerte a prueba: deseo que la eternidad sea un solo segundo y que un solo segundo sea toda la eternidad. El Mago entrecerró los ojos, su expresión era inescrutable. Luego, con un movimiento de su mano, concedió el deseo. El hombre sintió un vértigo indescriptible, como si su existencia fuera devorada por el tiempo y, al mismo tiempo, expandida hasta lo infinito. Durante un solo instante, fue testigo de todo lo que había sido y lo que sería. Un parpadeo duró milenios; un milenio se redujo a un parpadeo. Cuando el deseo finalmente se detuvo, la comprensión lo golpeó con una fuerza brutal: había experimentado el todo y la nada a la vez, y jamás volvería a ser el mismo. Como el Mago no quería arriesgarse, astuto en su juego, había desplazado el cumplimiento del deseo a otra línea temporal, asegurando que su propia realidad permaneciera intacta. Mientras el deseo fuera concebible, él podía seguir manipulando la existencia como si fuera un Cubo Rubik infinito, moviendo las piezas sin perder jamás el control. —Bien —dijo el Mago con una sonrisa torcida—, ¿quién es el siguiente? El murmullo de la multitud se convirtió en un susurro atento. Entonces, un joven, con el rostro marcado por la determinación, se adelantó. No temblaba, no dudaba. Conocía la maldad del Mago, conocía sus trucos y su poder. Estaba decidido a usar la tragedia que lo envolvía a su favor. Con voz firme, le preguntó: —Dime, Mago, ¿puedes cumplir cualquier deseo? El Mago, soberbio y orgulloso, respondió con sobrada confianza: —El mundo gira porque yo permito que lo haga, jamás ha existido un deseo que no pueda conceder. Inténtalo, muchacho, ¡inténtalo!, y te demostraré por qué soy el arquitecto de lo imposible. ¡Yo soy el mago de los deseos! El joven se mantuvo neutral, aunque ya había estado esperando ese tipo de respuesta. Y entonces, declaró el deseo: —Quiero que pronuncies el verdadero nombre del Señor Tragedia. Al escuchar, el Mago sintió como si su alma se quebrara, preso de su propio juego, se vio impotente frente a la petición del joven, no logró cambiar la línea de tiempo a un lugar donde pudiera concederlo. La tragedia que envolvía al muchacho era tan, pero tan poderosa que incluso el Mago, con todo su conocimiento y habilidades, no podía enfrentarla. No existió, no existía ninguna línea alternativa para conceder ese deseo. El público observaba en silencio sepulcral. La mirada juzgadora del público reflejaba el horror y la fascinación de presenciar el colapso de aquel que había jugado con el destino de tantas personas. El Mago cayó de rodillas, sus manos se aferraron a la nada, intentando sostenerse en un mundo que ya no le pertenecía. Trató de conjurar su poder, retorcer la realidad como tantas veces lo había hecho, pero algo en el tejido del destino se resistía a su voluntad. Como si una grieta se hubiese abierto en su sistema existencial, sintió la manera en que su propia esencia comenzaba a desvanecerse. Sus labios se entreabrieron, pero ningún sonido emergió en ese momento. Así, en un instante de confrontación entre lo oscuro y lo más oscuro, la ciudad quedó suspendida en el silencio desgarrador del final del Mago. El joven, con su deseo imposible, lo había desafiado y, en ese desafío, se desató una cadena de eventos que cambió el curso de la leyenda del arquitecto, además, con ello el joven le puso punto final. Desde entonces, aquel quien derrotó al Mago fue conocido como el "Portador del último Deseo", un título legendario que le daba un poderoso legado: un deseo final que podía convocar en cualquier momento y que sería concedido sin restricciones, salvo una limitación. Este deseo estaba marcado por la condición estricta, la misma que le dio el triunfo contra el Mago: no podía causar daño directo al "Señor Tragedia". Con el destino de la ciudad pendiendo de un hilo, ¿qué tipo de deseo pediría el "Portador" para cambiar el futuro? Aunque el mago fue vencido, él concedió un sinfín de deseos extremos, deseos que desafiaban completamente la lógica, la moral y la existencia. Pero lo más terrible fue que eran deseos que pidieron personas. Al final, de tanto intentar, un grito sofocado escapó de su garganta, pero se perdió en la inmensidad del vacío que lo estaba devorando. Sus ojos reflejaron, por primera vez, verdadero terror. Y luego, como una sombra al amanecer, el Mago dejaba de existir mientras recordaba muchos de los deseos que concedió: —Deseo ser la única persona real, y que todos los demás sean ilusiones. —Quiero un poder legendario para mi violín. —Deseo que todo lo que pienso se haga realidad instantáneamente. —Deseo que el tiempo deje de existir. —Quiero morir… pero seguir consciente para siempre. —Quiero un poder legendario para mi voz. —Quiero saber el final de toda la existencia. —Quiero ser testigo del nacimiento de todo… y nunca dejar de observar. —Quiero que cada ser sienta el dolor de todos los demás al mismo tiempo. —Quiero que pronuncies el verdadero nombre del Señor Tragedia. Todos creían que esto ya había terminado, no obstante, el Mago aún se negaba a rendirse. Aunque su cuerpo se desvanecía, reducido a fragmentos de sombra y ceniza, su voluntad se aferraba a la existencia como un huracán que no desea esfumarse. Su esencia, aquella que había doblegado el destino de tantos, ardía en un último acto de desafío. Sus ojos, antes insondables y dominantes, brillaban con un fuego desesperado. Con cada aliento que le quedaba, luchaba contra la condena impuesta por el deseo imposible. Se puso de pie por última vez, tambaleante pero imponente, y con un rugido que estremeció la ciudad y sacudió los cimientos de la realidad, gritó con toda la fuerza que le quedaba dentro de su ser: —¡¡¡El Señor Tragedia…, SU NOMBRE ESSS!!! El viento se detuvo. Las estrellas parpadearon, como si el universo mismo temiera lo que estaba a punto de pronunciarse. El suelo se resquebrajó bajo sus pies, grietas de oscuridad se extendieron como serpientes hambrientas. El aire vibró con una tensión insoportable, parecía que el mundo entero contuviera la respiración en la antesala de una revelación prohibida. Y entonces… El grito del Mago se ahogó en el vacío. Su boca se abrió en una última palabra que nunca fue pronunciada. Su voz, su poder, su propia existencia fueron arrebatados en un instante. Se desintegró en una explosión de polvo y ceniza, arrastrado hacia la nada por su propio fracaso.

— Yeifer Orozco

Deseos que destrozan realidades

Desde el hombre que pidió inmortalidad y se condenó a ver morir a todos los que amaba, hasta el joven que quiso eliminar todo sufrimiento y dejó a la humanidad sin propósito. El mago no niega nada. Solo traslada los deseos más peligrosos a otras líneas temporales para mantener intacta su propia realidad… hasta que aparece alguien dispuesto a romper las reglas.

El deseo imposible

La leyenda decía que el mago solo perdería su poder si alguien le pedía un deseo que no pudiera cumplir. Adéntrate en los secretos de este fascinante y peligroso cuento. Descubre la crónica del misterioso mago antes de que su destino sea sellado por completo.

¿Qué pedirías tú?

Este es uno de mis cuentos más densos y simbólicos. Un relato corto que juega con el tiempo, la moral, el poder y el precio real de los deseos humanos.

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